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El Político y las Estrategias de dimensión local contra la exclusión social



En los últimos 10 años, la instrumentación de la política en el tema del combate a la exclusión social ha trascendido y ha sido objeto de análisis en diversas investigaciones sociales por ser concebida como una respuesta a los cuestionamientos del: ¿cómo combatir la pobreza?, ¿cómo lograr un bienestar social?, ¿cómo hacer una sociedad más justa?, entre otros cuestionamientos destinados a ser resueltos con mayor precisión, y abrir paso a la inclusión social; es decir, a un proceso que velará por que todas las personas tengan la oportunidad y los recursos necesarios para participar plenamente en todos los ámbitos de la sociedad, sea en materia económica, política y social.


Las acciones realizadas desde la visión local (o municipal) en los últimos años, han servido para dar paso a la construcción de nuevas y mejores estrategias que se reflejan en los planes locales, programas sociales y acciones gubernamentales y del tercer sector, que al ser implementados y posteriormente ser evaluados con determinados indicadores, muestran beneficios medibles para sus ciudadanos. No obstante, si estas acciones han sido emprendidas buscando un amplio bienestar social en diversas administraciones locales, se pude subrayar como ejemplo la política concebida por Crick, que es: “La forma o las formas de conciliar intereses divergentes en el seno de un país plural”[1], donde estas formas no han resultado del todo trascendentales, debido a la inadecuada concepción de pluralidad, la falta de acuerdos, la variabilidad política y la imprecisa ejecución de los lineamientos que brindan certeza y eficacia a las políticas públicas que, se operan desde la administración pública local.


Es en estos casos, cuando la política es cuestionada como ciencia y se afirma a la política como negocio, llega el momento en el que por un lado el político profesional y sus instrumentos legítimos colisionan con el político simulador y sus artificios demagógicos; y se desata la distorsión de la realidad creando una gran confusión, y es cuando se percibe por encima de la ciencia política, una derrota a los intentos de su defensa, aún cuando la politización es una característica del hombre y es prioritaria para su desarrollo y su construcción como ser grupal.


Las estrategias aplicadas para combatir la exclusión social a nivel local en diversos estados han sido diseñadas para brindar una plataforma sólida de protección y acercamiento entre gobierno y ciudadanos, esto con el objetivo de diagnosticar el conjunto de acciones y la visión de diferentes administraciones, analizar su implementación y poder evaluar sus logros en materia de combate a la exclusión social, y finalmente proponer lineamientos para el diseño de un modelo de inclusión social; logrando una sociedad más inclusiva y por ende, más justa.


El problema existente en esta materia social, podríamos decir que se deriva en el diseño de la estrategia ó en la evaluación fásica de la misma, pero la realidad y la esencia del problema se alejan de los mecanismos de medición y se acercan a la conceptualización y ejecución de quienes se les ha depositado la confianza y la responsabilidad por encima de la labor técnica de operación y planeación: El político, personaje que desde la visión platónica tiene la posibilidad de consumar su función de pastor de rebaño humano, velando por el bienestar y el perfeccionamiento social, en ocasiones burla esta posibilidad y decae en una constante oposición a esta función trayendo como consecuencias la degradación de la estrategia, el asistencialismo por compromiso, la focalización sin sentido y las infortunadas consecuencias que tarde ó temprano se vislumbran en la sociedad.


La configuración maltrecha y en algunos casos inexistente, de actores políticos profesionales comprometidos en el diseño, ejecución y evaluación de estrategias locales cuyas acciones integrales estén dirigidas de manera única y organizada, para dar una operación eficaz en el combate de la exclusión social, se traduce en el contexto social como una sensación de saqueo del ámbito público y aprovechamiento de la coyuntura para colaborar en la involución política de la sociedad para evitar la participación de las masas, trayendo como consecuencias el engrosamiento de la vulnerabilidad, la pobreza, la marginalidad y la exclusión.


El trazo de la inclusión social de los diferentes grupos vulnerables, mismos que se encuentran en riesgo de exclusión en diferentes localidades de la república mexicana, debe ser factible y bajo el resguardo de actores políticos comprometidos, convencidos y preparados para salvaguardar determinadas acciones para el combate a la exclusión social de manera transversal y multinivel. De lo contrario, al ser ejecutadas de forma particular, sin conexión, y sin la administración de un plan rector, conllevará a no lograr el objetivo de consolidar una sociedad inclusiva.


Las acciones locales de combate relativas a los temas de pobreza, vulnerabilidad, exclusión- inclusión, están siendo esbozadas desde diferentes enfoques, teorías y sectores para reconstruir un concepto universal de exclusión y establecer con mayor precisión las causas, modelos y procesos que conllevan a esta situación.


Las distintas configuraciones del tema que se realizan en Europa y Latinoamérica permiten analizar y valorar el balance entre políticas gestionadas desde el bienestar y lo asistencial, así como conocer los múltiples instrumentos y mecanismos formulados para aminorar el distanciamiento y la pérdida de integración en las principales esferas en las que el ciudadano tiene derecho a ejercer y, con los que el político profesional practica la política como el arte de tejer vínculos ciudadanos, y donde su visión puede aportar un infalible hecho de restablecer en la sociedad sus instituciones, la confianza, el ejercicio de gobernar y la cimentación de una comunidad humana cada vez más perfecta.


[1] Bernard Crick, “En defensa de la Política”, Trad. De Mercedes Z.D., Barcelona, Tusquets 2001.

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